16/09/2008, por JORGE FLORES FERNÁNDEZ
Colgar una fotografía robada de una persona, por ejemplo en la página elmasfeo.com, dejar notas insultantes en su blog, engañar y hacerse pasar por otro para ridiculizarle públicamente, amenazar a alguien a través del Messenger, por email o SMS, impedir que siga participando en un juego online, etc. son algunas de las más sencillas prácticas de acoso virtual.
El fenómeno del ciberbullying va cobrando, por desgracia, más fuerza en nuestro país, como ya lo hiciera en otras latitudes hace tiempo. Aunque no existen apenas datos que puedan dar una imagen real de su incidencia, o lo que sería mejor, de su evolución, sí podemos intuir que afecta cada vez a más menores. No en vano, la Unión Europea, dentro de sus prioridades por una “Internet más segura”, lo cita con nombre propio junto con el grooming (ciberacoso sexual infantil) para el siguiente período 2009-2013.
Ambos conceptos tienen su origen en el daño que unas personas causan a los menores utilizando como herramienta o sustrato sobre todo Internet, pero también cada vez más el teléfono móvil y los juegos online multi-jugador. Cada día hay más niños y adolescentes conectados desde más temprana edad y durante más tiempo por lo que no es de extrañar que los casos se multipliquen. Sin embargo, merece la pena profundizar más en la cuestión, comenzando primero por definir de qué estamos hablando, en un contexto donde los medios de comunicación y los vicios derivados de la adaptación y traducción “libre” de anglicismos generan cierta confusión.
Personalmente, entiendo por ciberbullying o ciberacoso el maltrato psicológico continuado entre iguales usando las nuevas tecnologías online (Internet, telefonía móvil y videojuegos online), es decir, en el “ciberespacio”. En el uso del término hay muchos matices sobreentendidos que merece la pena analizar en detalle ya que sólo identificando con exactitud el fenómeno puede estudiarse y medirse:
Se pueden además buscar algunas otras diferencias con respecto al bullying que, dicho sea de paso, no siempre encuentra acuerdo entre los expertos con respecto a los indicadores y métodos de valoración de su incidencia.
Por desgracia, y a pesar de que no hay por lo general maltrato físico, los efectos del ciberbullying pueden ser tanto o más devastadores que los del acoso escolar llevando, en los casos más extremos (como ya se ha sucedido en varios países) al suicidio de las víctimas. El acoso alcanza a la víctima, sin necesidad de coincidir, ni en el lugar ni en la hora, con el agresor. Los testigos del acecho pueden ser ahora multitud. El daño enorme con un simple click. Y no hay lugar donde esconderse, porque el entorno virtual es ya parte de la vida de los niños y adolescentes, y les acompaña donde quiera que estén.
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29/09/2008-21:51:56 escrito por marlene
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Los blogs de INTECO son una vía de comunicación multidireccional, corporativa y...
Lo que manifiesta el autor de este articulos es realmente preocupante, sin embargo creo que todos los cibernautas tenemos la responsabilidad de combatirla; el riesgo del acoso en muy grande y continuo; igual me gustaria leer un articulo de que cosas se esta haciendo para combatirla y cuales seria las estrategias para poder trabajar con los chicos y evitar los riesgo en la red
marlene